Mi homenaje a Mari-Carmen Marcos

Mañana,  17 de setiembre, se cumple un año de la partida de Mari-Carmen Marcos; una pionera, en nuestra lengua, de acercar la Experiencia de Usuario a la Bibliotecología y Documentación.

Casi nada y casi todo para nuestra profesión.

La vida me concedió el privilegio de conocerla personalmente. Ah, pero ¿no te conté como se fue dando nuestra amistad? Si te interesa, seguí leyendo.

Allá por 2004 o 2005 -no recuerdo bien – asistí a un curso que Mari -Carmen dio en Buenos Aires. Quedé impactada. Era la primera vez que oía a una bibliotecaria hablar de IPO, UX, usabilidad… En ese momento ella venía de presentar el libro de su tesis doctoral:  Interacción en interfaces de recuperación de información.

Me impresionó su sencillez, su calidad de persona, su humildad, su gran generosidad.

Quedamos en no cortar el diálogo, en seguir en contacto. Por mail y por chat nos compartíamos anécdotas de familia y de profesión. Luego, llegó el turno de mi máster y ella fue mi docente. Después, vinieron mis proyectos de doctorado y ella fue una de mis directoras… -¡Animo, a por la tesis! era su frase más frecuente.

Mari-Carmen siempre fue mi ventana hacia lo más novedoso de la profesión.

Mientras tanto fueron llegando sus niños, ella misma les cosía sus ropas. También tenía una pequeña huerta en su jardín y cocinaba para su familia. No se cómo estiraba el tiempo, pero lo hacía.

Cuando el niño más pequeño tenía apenas unos meses, el bendito tumor hizo su primer anuncio. A partir de ahí,  fueron días de corridas, esperanzas, ilusiones y desilusiones hasta que ganó “el alien”, como le decía.

En junio de 2017 me decidí a viajar a Barcelona a despedirla. Su esposo, Nacho, me ayudó a orientarme en esa ciudad tan bella pero a la vez tan gigante y desconocida para mí en ese momento.

Fue una mañana emocionante… Nos abrazamos bien fuerte;  confieso que me aguanté las ganas de llorar. De a ratos, en la medida que podía, me fue contando de sus niños, de su esposo, de la Pompeu, del cariño hacia sus colegas y del respeto intelectual que sentía hacia Lluis Codina.

Luego, me mostró su departamento y cuando llegamos a su jardín, que lo sentía su paraíso, me señaló las torres afiladas de la Sagrada Familia. Recuerdo que también me me dijo -sufro mucho, quiero que termine pronto.

Yo, para ese momento, temblaba como una hoja. Todavía no se cómo pude aguantarme el llanto. Supongo que pudo más el deseo de verla bien, que no se empañara ese brillo en sus ojos.

Esa mañana nos sacamos no sé cuántas selfies; para el face, me decía. Al mediodía le pedí que me llamara un taxi. Me acompañó hasta la parada. En ese momento, cuando yo subía al taxi me dijo abrazándome -Diana, te quiero “muchio”.

Unos meses después, Mari-Carmen voló.

Mari-Carmen Marcos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.